90 años de Santos Chávez
Del 12 de octubre al 31 de diciembre del 2024
1. Curar una exposición es mucho más que un esfuerzo por montar obras y facilitar la comprensión del espectador sobre el objeto expuesto. Situarse en el tiempo, recortar los campos de investigación y entender el tiempo histórico del artista y su producción creativa, es lo que permite dar un sentido preciso al fenómeno de la exhibición con la pretensión, en este caso, de abrir nuevas reflexiones en torno a Santos Chávez y su paso por la litografía.
2. En Alemania, 1796, Alois Senefelder da con la forma definitiva de fijar imágenes mediante el principio de rechazo entre el agua y la grasa. Así nace la litografía. Tres años antes, en 1793, en el reino de Chile se daban las últimas conversaciones entre españoles y mapuches. El Parlamento de las Canoas delimitó los territorios que, entre otras cosas, permitieron la refundación de Osorno. A esas alturas, la guerra de Arauco estaba cerca de su fin. Más al norte, casi cien años después, en 1870 se fundará Canihual en la región del Biobío, pueblo donde nacerá en 1934 Santos Chávez Alister.
3. Gastón Soublette en una entrevista plantea la tesis sobre qué es lo que realmente defendían los Mapuches. La respuesta de Soublette nace a partir de una experiencia personal observando un atardecer en el parque nacional Conguillío.
Yo estaba en la playa del lago, el lago calmo, en la otra rivera el bosque de Araucarias, algunas de dos mil años, se reflejaban en el lago y arriba de ellas se veía la cordillera nevada y detrás de mí el volcán Llaima. Es uno de los paisajes más grandiosos que he visto en mi vida. Entonces, cuando me fui, al pasar por la recepción del parque me dijeron que había un libro blanco donde usted puede estampar su experiencia… Entonces escribí: De tres siglos lavaron la afrenta, combatiendo en el campo de honor. Pregunta: ¿Qué defendían con tanto ahínco? Ahora me di cuenta: defendían el paraíso.
En términos estéticos, esta definición de Soublette se instala desde la noción del paisaje romántico en tanto género, cuyas características se fundan a principios del siglo XIX. Esta articulación del paisaje a partir de lo sublime permitió desarrollar todo un andamiaje respecto de la construcción moderna del paraíso. Algunos de estos componentes los encontramos en los grabados de Santos Chávez.
4. En la búsqueda de la perfección del fenómeno de la representación y su reproductibilidad, el grabado, de manera constante va derribando sus propios paradigmas. El relieve de la madera dio paso al hueco del metal, el plano eliminó la incisión y finalmente la luz logró la mimesis perfecta. Hoy, bajo la tiranía del bit, profanar las herramientas digitales podría ser la estrategia para instalar nuevas formas de análisis crítico de nuestro entorno. De ahí la importancia de la puesta en valor de las técnicas de grabado e impresión y el cruce con las necesidades de su respectivo tiempo.
5. La obra de Santos Chávez Alister se reconoce principalmente por sus xilografías, las cuales manifiestan un relato sencillo y honesto, casi silencioso, que busca su centro en la naturaleza del sur araucano. Dejando atrás las filiaciones estilísticas, hay algo propio, esencial, en las obras de Santos. Más allá del aura, y de la noción de paisaje genérico, encontramos en la obra de Chávez ese misterio de la naturaleza que todos hemos experimentado.
Esta narrativa es el rango discursivo en el que se desenvuelve con comodidad. Sin embargo, esta naturaleza imaginada se vuelve pequeña, el estimulo se agota y la necesidad funda otro eje lejos del paisaje araucano. El autoexilio natural al que se somete Santos encontrará refugio en las piedras, la grasa y el agua. Podríamos decir
que otra forma de migración es la adopción de nuevos lenguajes. Una nueva sintaxis visual expande el territorio creativo de Santos. La figuración da paso a la abstracción, en ese tránsito los límites desaparecen, la obra deja de responder a un tiempo y lugar determinado y se mueve hacia un territorio fenomenológico. Acudirán al universo plano de la piedra litográfica, mancha propia de los informalistas y neo expresionistas, un síntoma inequívoco de permeabilidad cultural occidental.
6. En una suerte de recorte curatorial, las obras expuestas en Casaplan corresponden al período porteño comprendido entre los años 98 y 2000, donde Santos trabajó sus litografías junto a Cristian Castillo en el taller de grabado de la Escuela de Bellas Artes de Valparaíso, taller dirigido, en esos años, por Virginia Vizcaíno.
La ciudad de Valparaíso, por esos años, estaba invadida por carnavales, malabaristas y la cultura entretenida concertacionista. En ese contexto, Santos Chávez, al igual que otros artistas en Valparaíso, siguió su camino tranquilo, periférico e inmutable a la fiesta callejera, buscando su centro en los remanentes sensibles del paisaje araucano despistados en la piedra y la acuarela.
Sin embargo, es difícil elaborar un mapa de certezas en este período porteño de Santos Chávez. Lo que ocurre en realidad es lo contrario; la formulación de infinitas interrogantes. Las preguntas son los espacios vacíos en la trayectoria de un artista y las respuestas son sus obras; cada obra es un componente de una cartografía que deviene en estética, la estética propia de Santos Chávez.
por Roberto Acosta