Con sentido.

Domingo Nico Santa María nos comparte su peculiar visualidad de la condición humana mediante la aguda observación de Sus comportamientos sociales; quizás con la finalidad de catalizar una reflexión que favorezca el cambio, esgrimiendo el absurdo y lo grotesco de nuestro proceso evolutivo y congelando escenas de profundo significado simbólico.

El dinámico ejercicio que nos propone nace de su sensible vivencia de los acontecimientos cotidianos, filtrados con el tamiz de su inquieta lógica de sentido común, puesta en oposición al sentido de las costumbres adquiridas, evidenciando con esto lo absurdo y lo desviado del sentido sin sentido. De esta forma se sumerge en la reflexión de fenómenos sociales, la constitución de la familia, las acciones colectivas e individuales que denotan contenidos paradójicos.

Su imaginería directa, cargada de una palpitante fuerza primigenia, se manifiesta con la espontaneidad del gesto gráfico que refuerza con el manejo del alto contraste, accidentes asimilados y colores esenciales, consiguiendo la calma en el dominio de los equilibrios que sostienen las composiciones.

La aparente inmediatez se vuelve compleja al constatar que, en paralelo, el lenguaje visual utilizado es absolutamente coherente con el porcentaje de espíritu lúdico con que debe abordarse lo incomprensible, logrando introducirnos en la severidad de su temática desde la aparente ingenuidad con que articula la visualidad.

Su gráfica cruda, desprovista de pirotecnia dibujística -mas no exenta de reflexión formal- nos obliga a recorrer las bases de su pensamiento visual y reconocer su opción por el manejo de un mensaje directo acometido mediante la activación de los contenidos propios del lenguaje visual.

La carga imaginaria contenida en el conjunto de su obra nos provoca una descarga perceptual que se nos presenta como un gran espejo donde, necesariamente nos sentimos reflejados y cavilamos internamente respecto a lo absurdo y lo sin sentido de muchos de nuestros comportamientos y fundamentos que se han instalado solapadamente en nuestro hábito reflexivo, e instándonos a reconocer el temor que nos surge al enfrentar nuestra condición de humanos; sociables, sensibles y pensantes.

Valoramos y agradecemos esta instancia de contemplación cargada de preguntas y evidencias que renuevan la reflexión en torno a sentidos primordiales en la orientación de nuestra especie.

Rafael Munita

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