En esta impactante exposición, Francisco Rivera Scott presentó un despliegue de su obra gráfica y pictórica en las dos salas de Casaplan: la galería principal y la sala subterránea. Esta muestra, que es la continuación de su proyecto previamente exhibido en el Parque Cultural de Valparaíso, profundiza en los conceptos de sistema y oposición, continuando con una serie de exploraciones visuales que abordan cuestiones fundamentales sobre la percepción, el espacio y la interacción cromática. La propuesta de Rivera se desenvuelve en un lenguaje que se aleja de la figuración tradicional y se adentra en la abstracción, donde lo visual y lo conceptual se funden en un ejercicio meticuloso de reflexión sobre la disciplina de la pintura y las artes visuales en su totalidad.

La noción de sistema es clave en esta exposición y se despliega a través de una serie de composiciones geométricas y cromáticas que resuenan con las investigaciones de grandes artistas y teóricos como Joseph Albers, Johannes Itten y otros formalistas de la primera mitad del siglo XX. Rivera, al igual que estos precursores, utiliza la geometría y el color como herramientas para explorar la relación entre la forma, la percepción y la interacción del espectador con la obra. A través de su serie de obras, el artista crea un entorno visual en el que las formas y los colores no solo se complementan, sino que se oponen, generando una tensión dinámica que invita al espectador a reflexionar sobre la naturaleza del arte, la técnica y la percepción misma.

Las obras de Rivera no son meros ejercicios formales, sino invitaciones a cuestionar la disciplina misma de la pintura. Al recurrir a un lenguaje visual que enfatiza los principios básicos de la geometría y el color, el artista plantea un juego de oposiciones y progresiones, donde la interacción entre los elementos visuales genera un flujo constante de tensiones y resoluciones. Este enfoque permite una reflexión profunda sobre la percepción sensorial y la forma en que los colores y las estructuras se relacionan entre sí dentro de un sistema organizado pero flexible.

Además, la disposición de las obras en el espacio de Casaplan juega un papel crucial en la experiencia del espectador. Al ocupar tanto la sala subterránea como la galería principal, Rivera establece un contraste entre los diferentes entornos que refuerza la dualidad y la oposición que recorre su trabajo. La sala subterránea, con su intimidad y atmósfera cerrada, acoge las piezas más contenidas, mientras que la galería principal, más amplia y luminosa, permite que las composiciones se expandan visualmente, creando un contraste que refuerza la idea de un sistema progresivo en constante transformación. Esta organización espacial no solo estructura la obra, sino que también invita a los espectadores a interactuar con ella desde diferentes perspectivas, generando una experiencia de inmersión total en el proceso creativo del artista.

De esta manera, “Sistemas Progresivos Opuestos” no solo se presenta como una continuación de la exploración formal de Francisco Rivera, sino también como una invitación a reflexionar sobre la evolución de las artes visuales en su totalidad, sobre la relación entre el color, la forma y la percepción, y sobre la capacidad de la pintura para desafiar nuestras nociones preconcebidas sobre el arte. A través de esta exposición, Rivera ofrece una experiencia que no solo es visual, sino también intelectual, estimulando un diálogo entre el arte contemporáneo y los movimientos formales del siglo XX, invitando al espectador a cuestionar los límites de la pintura y a considerar nuevas formas de aproximarse a la obra de arte.

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