TRAYECTORIA
 ALDO BRAVO –  LECCIONES DE UN MAESTRO  

Pocas veces tenemos la posibilidad de presenciar la exposición de un artista tan prolífico y enérgico, poseedor de un recorrido tan extenso como el de don Aldo Bravo Elgueta, del cual podemos decir con propiedad, que recorrió América al son de su obra visual.

Hoy el maestro Bravo nos invita a contemplar diversas etapas de su producción, desde los lejanos años de su formación a la última década, tiempo en que ha centrado su trabajo en el grabado en relieve, proceso que ha derivado en una serie de destacadas obras xilográficas. Esta producción más reciente ha sido posible sobre todo gracias al espacio Taller CasaPlan, institución que reconoció el gran mérito del maestro, poniendo a su disposición el espacio, las prensas y la camaradería de quienes allí trabajan; para muchos de nosotros era común, antes de la pandemia, encontrarse con don Aldo los días miércoles, siempre entusiasta imprimiendo sus matrices. Es debido a ello, que Casaplan se constituye en el espacio idóneo para su gran exposición denominada “Trayectoria”, la cual ciertamente puede verse a modo de retrospectiva.

Para comprender la relevancia de la obra gráfica de Aldo Bravo es preciso remontarse al   hito fundacional de la enseñanza del grabado en la región y comentar diversos aspectos de su carrera artística.

Iniciaba la década de 1940, cuando al amparo de los talleres de la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar, el maestro Carlos Hermosilla Álvarez reunió a un grupo de talentosos estudiantes, a los cuales transmitió el entusiasmo por el oficio de grabado. Este colectivo tras numerosas exposiciones se consolidó como el Grupo de Grabadores de Viña del Mar, y por varios años, su ímpetu creativo tuvo plena vigencia. Como veremos, Aldo Bravo pasó a formar parte de este brillante colectivo, transformándose en uno de los alumnos más notables de Hermosilla. Conjuntamente con el gran valor estético de su obra, es en este punto cuando la presente exposición adquiere un valor superlativo, pues constituye un eslabón ineludible en la historia de nuestra producción gráfica porteña, inscribiendo su nombre, entre el legado de nuestros primeros grabadores y las generaciones de artistas post 70.

La producción de grabados del maestro Aldo Bravo inició en el año 1954, cuando se integró al taller de Hermosilla, primero como alumno de croquis y luego de grabado. Allí conoció a jóvenes grabadores con los cuales compartió sus clases, como Ulises Besoain, Manuel Cabezas, Héctor Muñoz, Sergio Ayala, y otros. También se vinculó con maestros ya consagrados, como Roberlindo Villegas, Ginés Contreras o Ciro Silva. Desde fines de los 50s su obra inició un camino propio, abordando diversas técnicas de grabado con gran destreza y libertad creativa. En reconocimiento de su notable desempeño y “por su gran espíritu de cooperación”, en 1961 la Escuela le hizo entrega del Premio de Grabado. Luego de emigrar del taller, siguió trabajando su imaginario gráfico, más aún, cuando el año 1965 la UTFSM le sumó a su planta docente del área de Diseño, dictando el taller de “Dibujo a mano alzada”, entre otros. El ejercicio docente le brindó el tiempo necesario para dedicarse a su obra, visitando cotidianamente el taller de Hermosilla para imprimir sus matrices, este fue su modo de trabajo habitual hasta el año 1978 cuando los sucesos políticos forzaron su salida del país, haciendo entonces un periplo desde Sudamérica a Estados Unidos, donde permaneció por varios años, integrándose al circuito artístico de aquel país.

El grabado del maestro Aldo Bravo nos sorprende por su notable oficio y por la estructura formal – compositiva presente en cada obra, desde su formación se sintió impulsado a realizar una figuración distinta, porque según sus propias palabras, la obra gráfica local en los 50 y 60s estaba casi siempre amparada por el realismo y otros tipos de representación (primando temáticas de índole social). Como afinidad estética tomó a referentes como Rufino Tamayo o los cubistas, planteando sus temas, generalmente desde una figura central, donde se despliegan diversos planos, líneas y matices que enriquecen de modo particular su obra. En sus xilografías, aguafuertes y aguatintas trabajados sobre cobre, se revela su libertad creativa y sus recursos técnicos, interviniendo la matriz en ciertos casos, con abundantes granos de resina para lograr matizadas atmósferas y reforzar la expresión. En el caso de las numerosas obras realizadas en Casaplan, como “Petrus” o “Valpanorámica”, son xilografías que revelan una fuerte inclinación por la línea orgánica, en ellas se deja ver el intenso desbaste que confiere gran luminosidad a sus imágenes, dando cabida a una segunda matriz con la cual enriquece cromáticamente ciertos grabados.

Son numerosos los comentarios que amerita la exposición “Trayectoria”, así lo confirma su calidad gráfica y compromiso como artista, que ha hecho del vivir, una búsqueda permanente entre la técnica y estética de cada obra; pero sobre todo, tras esta valiosa propuesta, subyace latente el mensaje a las nuevas generaciones: la tarea de valorar tal lenguaje artístico como una disciplina reflexiva y sensible, y más todavía, nos invita a surcar aquella ruta ejemplar, la de pensar nuevos aportes al oficio del Grabado.

Daniel Lagos Ramírez
Grabador – Magíster en Arte

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